Objetividad, contrastación, imparcialidad, claridad, concisión. Todas deben utilizarse para elaborar la información en un medio. Y digo información, ya que, en principio, esta debe quedar claramente diferenciada de la opinión.
Otra de las características fundamentales, el padre nuestro del periodismo, es la pirámide invertida. Una noticia debe comenzar por lo más importante (en base, obviamente, a criterios de actualidad, interés, cercanía, etc.) para dar paso en los párrafos posteriores a los detalles de menor relevancia. Para los que nunca hayan oído hablar de esta figura periodística básica, quedará claro con esta explicación que se va del grueso del interés noticioso a lo más irrelevante, dibujando así una especie de triángulo boca abajo.
Antes de comenzar a estudiar esta carrera (“¡Estudia algo de provecho!”, exclaman invariablemente los progenitores al conocer las tendencias académicas de sus retoños) creía que los “grandes medios” de nuestro país estaban gestionados por grandes ilustrados, inspirados por la divinidad para representar con precisas palabras una realidad tangible. Mi mente adolescente imaginaba aquellos inalcanzables sabios, ortodoxos de la praxis periodística, en continuo movimiento, trabajando por y para la verdad, llevando por bandera las 5 W.
Cuando me incorporé a esta facultad de locos que tanto me ha dado, teóricamente hablando, comencé a dedicarme más y mejor al estudio exhaustivo de los medios, a comparar lo que debía ser y lo que era. Y menudo fiasco.
Los medios de comunicación se saltan a la torera aspectos tan fundamentales como el lead*. ¿Por qué demonios me encuentro, desgraciadamente a menudo, leads literarios? En ocasiones no distingo si me están contando una noticia o es el principio de una novela policíaca. ¡No puedes hacer que el lector esté intrigado por saber qué narices ha pasado hasta el final de segundo párrafo!
En esos momentos de desesperación caen los míticos periodistas de mis sueños y son reemplazados por los analfabetos (periodísticamente hablando) con suerte que abundan en las redacciones. Y ya no hablo de la separación entre opinión e información, norma que di por perdida en los medios hace mucho tiempo, sino de algo tan básico como decirle al lector qué puñetas ha ocurrido en un párrafo.
Solía pensar que quien trabajara en un “gran medio” podía considerarse periodista con mayúsculas, ya que creí (ingenua de mí) que las pruebas de selección eran más estrictas. No obstante, visto lo visto, creo que a cualquier estúpido que sepa leer, escribir y acatar órdenes de una línea editorial puede poner su firma al final de una noticia, sin necesidad de saber qué es un lead, cuáles son las 5 W o qué es eso de la pirámide invertida.
En fin, seguiré refunfuñando por la calidad periodística perdida desde mi acogedor búnker de ideal teoría. Lo único que espero es que algunos refunfuñen conmigo.
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