Gran Canaria. Me alegro de haber nacido en esta isla. No creo que haya lugar mejor. O por lo menos no sé qué sería de mí si lo hubiera hecho en otro lado. Quizá me habría ido mejor en la vida. Quizá peor. En todo caso, aquí nací. Y aquí crecí. Todo lo que yo era a los 17 años, cuando me fui a Madrid, lo había aprendido en una de las afortunadas.
Llegué con recelo. No obstante, el tiempo me llevó a aceptar su forma de vida. Su ritmo de incesante actividad. Su luz, su cultura, su frío, su calor. Todo se incorporó a mi forma de ver el mundo. Y, de paso, la amplió.
Ahora no concibo un mundo sin Madrid. Un mundo sin Cibeles, sin Retiro, sin Gran Vía, sin Chueca, no sería un buen mundo para mí. Ya no.
Aunque mis expectativas de vida no se ubiquen ya en Canarias, me siento tan canaria como los días en que representaba a esta comunidad en los campeonatos deportivos junto con mis compañeras de equipo. Tan española como cuando lloré con el gol de Iniesta. Tan europea como cuando hablan de este continente romántico en las películas americanas. Tan humana como cuando me pregunté por qué los animales hablaban en El rey león.
Soy canaria, española, europea y humana. Ante todo, humana. No creo que fuera ni mejor ni peor si fuera china, somalí, rusa o chilena. Etiquetas a parte, sigo siendo yo, Laura Mengíbar.
Mengíbar. Interesante apellido. Un pueblo de Jaén tiene este nombre. Fue por una familia rica que allí vivió. La familia era vasca.
Hoy hemos sabido del alto al fuego de ETA. Me he tomado la molestia de leer el comunicado. Creen que “es tiempo de asumir responsabilidades y de dar pasos firmes”. Uno de estos pasos, según los etarras, es “crear condiciones para construir un proceso democrático” en el País Vasco. Además, hacen un “llamamiento a la comunidad internacional para que responda con responsabilidad histórica a la voluntad y compromiso de ETA”. Afirman también, que existe una “negación del pueblo vasco” y un “ahogamiento del deseo popular”.
Me gustaría que explicaran su singular concepto de democracia. Hasta donde yo sé, este término no engloba la muerte de más de 800 personas. Más de 800 vidas humanas. Más de 800 familias destrozadas. ¿Qué han ganado con esto? Hablan de “ahogamiento del deseo popular”. El deseo popular no es la sangre. El deseo popular no son los tiros en la nuca. No son los coches bomba. No son los aparcamientos por los aires.
Hablan del pueblo vasco. Incluso algunas teorías hablan de una “raza vasca”. Por mis venas corre sangre proveniente de esa supuesta “raza”. ¿Soy por ello mejor que cualquiera de mis amigos? No. No lo soy. El sitio donde hayamos nacido no importa. La sangre que circule una y otra vez por nuestro corazón no importa. Importa lo que queremos ser. Los valores que defendemos. La humildad importa. Las ganas de paz importan. Lo que compartamos con los demás importa. La lucha contra el terrorismo importa. Y quizá no la lucha desde el poder, que pueden hacer mejor o peor. Sino la lucha de ideas de cada uno de nosotros. El rechazo a los fanatismos. A cualquier fanatismo. Ya sea vasco, catalán, gallego o canario. Todos somos españoles. Cosa que no se olvida a la hora de pedir dinerito al gobierno central. En cualquier caso, somos más que españoles. Somos más que europeos. Somos humanos.
Las fronteras son necesarias. Económica y políticamente necesarias. Pero los independentismos absurdos no lo son. Jamás se me pasaría por la cabeza pedir la independencia de Firgas. O decir que soy firguense, pero no canaria. O que soy canaria, pero no española. O que soy vasca, pero que mi país no es España. Menos aún utilizaría la violencia para defender esas, permítanme de una vez decirlo, estúpidas ideas.
ETA proclama “¡VIVA EL PAÍS VASCO LIBRE!”. Debo recordarles que no están bajo ningún régimen autocrático. En todo caso, el País Vasco está bajo la lacra de ETA, una enfermedad social de la que se debe librar, erradicarla por completo.
El pueblo vasco, el pueblo español, el pueblo europeo, la humanidad entera pide que este alto al fuego sea permanente. Que se dejen a un lado las armas, que triunfe la justicia y la racionalidad. Un pacto temporal no vale. Por muy positivo que en principio sea. Al diablo con las explosiones de una vez por todas. Al diablo con el odio, con el terror.
Y ahora os planto cara, etarras. Cobardes. Misteriosos encapuchados con rifles. Hijos de la ignorancia. Os planto cara como lo hacen los valientes. Con nombre y apellidos. Sin matar a los que no piensan como yo. Luchando con la mayor de las armas: la palabra. Porque las ideas son más fuertes que vosotros. Son más fuertes que las balas y que las bombas. Os encaro y os pido, con la razón por bandera, la libertad para la vida.
Nos dan por culo en política exterior.
ResponderEliminarNos dan por culo en materia económica.
Nos dan por culo en política autonómica.
Y nos dan por culo y nos mienten y nos difaman y juegan con nosotros y con las víctimas en política (iba a decir "anti") terrorista.
Decíamos que Mayor Oreja era un extremista cuando dijo que el gobierno estaba negociando con ETA...
Es lo que pasa cuando creemos que, bañados en sangre y en mitad de la sabana, el león no nos va a atacar.
Malditos terroristas y malditos políticos que no cortan el problema de raíz (porque no quieren).
De acuerdo contigo. Pero no solo debemos culpar a los políticos por no terminar con este problema. Si nadie fuera proetarra, no existiría ETA. La población también debe luchar porque sus hijos repudien el terrorismo. Los vascos deben luchar porque su gente abogue por la racionalidad. Que no haya un solo miembro más de ETA. Que no nazca nunca otro nuevo etarra.
ResponderEliminarNo quito importancia a la actuación que los gobiernos deben llevar a cabo. Pero creo que dentro de nuestras posibilidades los ciudadanos también podemos luchar contra los fanatismos. Cualquier tipo de fenatismo.