viernes, 13 de agosto de 2010

Cuidado, forastero, ese árbol es mío

Hace unos días murieron 4 personas en la frontera entre el Líbano e Israel por un tiroteo causado por la tala de un árbol en zona libanesa. Supuestamente, soldados de Líbano echaron al aire algunos tiros disuasorios, ya que el árbol estaba en su lado de la valla que divide ambos países. Los israelíes respondieron con tiros directos a las personas, no al cielo, aunque finalmente ahí fue donde acabaron 4 de los allí presentes. Algunos temen, incluso, que esta acción acabe con un conflicto bélico en toda regla.


Como vemos, para hacer una guerra no hace falta mucha imaginación. Cualquier excusa es válida para sacar el revólver de la cartuchera y mandar a 4 ó 5 al otro barrio. Puestos a buscar iniciativas bélicas, también podrían haber argumentado chorradas varias como que un pajarraco pasó de una frontera a otra con no se qué virus “potencialmente” mortal y con el supuesto objetivo de utilizarlo como arma biológica. Pero mejor no dar ideas, que los servicios de cuestionable inteligencia están por todos partes.

Recuerdo que cuando era niña, más niña que ahora, quiero decir, había una compañera de clase que me caía pero que muy mal. Nunca entendí el por qué, pero siempre buscaba la más mínima excusa para atacarme. Que si llevaba sucio el uniforme, que si no había hecho los deberes, que si jugaba mal al escondite…Total, que le faltaba tiempo para buscar fallos que explotar en mi persona. Varios años me estuvo mortificando la odiosa niñita, pero aguanté como una peque-campeona hasta que se marchó del colegio. Según los israelitas, o los libaneses, da igual como se mire, yo tenía una buena razón para coger un bate de béisbol y mandarla a los infiernos infantiles.

Si es que cuando se quiere pelea poco importa el por qué. Una sola persona con ganas de fastidiar al vecino, o al país fronterizo, da lo mismo, puede provocar una guerra. ¿Qué no me creen? Les voy a dar un buen ejemplo. Hace muchos años tuvo lugar un enfrentamiento que dejó a España sin una islita del Caribe, que para ser tan pequeña, menudos quebraderos de cabeza que dio y sigue dando. El caso fue que EEUU necesitaba un motivo para declarar la guerra a España, pero no sabía cómo enfocar el asunto de manera que la opinión pública creyera que actuaban en defensa propia. Un tal Hearst tuvo una excelente idea: “atacaremos a nuestro propio país y diremos que han sido ellos”. De esta manera el Maine, que poco tenía, en principio, que ver en todo aquello, saltó por los aires, llegando las cenizas hasta nuestra orilla del Atlántico. Aquello funcionó de maravilla, por lo que quién sabe cuántas veces se ha utilizado esta artimaña para crear un conflicto. Por lo visto, en ocasiones da igual el número de víctimas del propio país que mueran con tal de que los soldados se puedan llevar al combate. Y yo me pregunto, ¿no necesitaba Estados Unidos un enemigo en 2001?

En todo caso, y volviendo al tema de los arbolitos de los jardines de unos y de otros, me sé una historia en la que la tala de un árbol trajo muchos problemas a nivel interestelar. Se trataba de unos hombrecillos azules que danzaban medio desnudos en medio de una selva y que vivían en un gran ser fotosintético. Además, se unían mediante lazos físicos al resto de la naturaleza por un cablecillo que les salía de la melena. Lástima que tenga el pelo corto, será por eso que me dicen que me falta un cable.

El caso fue que debajo del árbol se encontraba una gran mina de no sé qué mineral precioso, por lo que sacaron a patadas a los nativos. No obstante, los que patearon finalmente fueron los pitufillos gigantes estos, que echaron a los intrusos de su paraíso tropical. Todo este enredo se cuenta en una película de gran presupuesto, no como el que tenemos en la radio. Lo que quiero decir, es que la realidad muchas veces supera la ficción, ya que, en el caso de Israel y Líbano, el matojo en cuestión no tenía mina alguna debajo, ni nadie que viviera en él. Se dispararon balas porque sí, por no tener otra cosa mejor que hacer que enfrentarse con el vecino. Ahora que lo pienso, quizá era eso lo que le ocurría a la niñita de mi colegio, no se le ocurrió nada mejor que hacer que declararme la guerra. Supongo que la falta de actividad afecta a las neuronas, y si a eso le sumamos la gandulería peor aún, ya que, como ya hemos comentado en alguna tertulia, cuesta más trabajo entenderse con los demás que pelearse con ellos.

2 comentarios:

  1. Creo que te has pasado con Israel. Debes tener en cuenta que es el ÚNICO ESTADO DEMOCRÁTICO de la zona: ni Líbano, ni Siria, ni la nación o como quiera que se llame Palestina lo son. Son Estados teocráticos islamistas, en los que la libertad de expresión está vetada, y algunos derechos humanos son pasados por el forro.
    Del mismo modo, hay que decir que la policía no es una ONG, y mucho menos, un ejército. Hoy mismo han muerto soldados españoles en Afganistán. Que Israel se pasa, no lo dudo, pero si los libaneses disparan, deben saber a qué riesgos se enfrentan. Ten en cuenta que el Estado israelí está amenazado por medio mundo islámico. No es raro que tome precauciones.

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  2. No soy ni anti-Israel, ni pro-islam, ni pro-nada. No intento demonizar ninguna de las partes, y creo que no lo hago en ningún momento en la editorial. Ahora, tampoco apoyo ninguna de las partes. Me parece una chorrada que se tiren a la basura 4 vidas humanas (y piensa en sus respectivas familias, no lo tomes solo como un dato), por la tala de un árbol.
    Respecto a lo que dices de que Israel es el único país democrático de la zona, me parece estupendo, además creo que los países de su entorno deberían tomar ejemplo. Ahora, ser un país democrático no le da derecho a cargarse a la peña en la frontera porque sí. Ni tampoco los libaneses tienen derecho a ello, ojo.
    Lo que quiero que quede claro es que esta editorial no iba contra Israel ni contra ningún país, iba en contra de las matanzas estúpidas (aunque, a mi parecer, cualquie matanza es estúpida, pero bueno...).

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